El 31 de septiembre compré quince libros, diez libros escritos en español y cinco escritos en inglés, diez de ellos en oferta. Lo que no gasto en fiestas, en ropa, maquillaje, lo que una chica promedio gasta, yo lo gasto en libros, sobre todo en las FIL (Ferias Internacionales de Libros).
Una de mis debilidades son los libros, cuando me llama la atención algún título y tengo el recurso, lo compro. ¿Te gusta leer? La verdad es que no soy una asidua lectora, soy una coleccionadora, me gusta tenerlos, hojearlos y leerlo de a pocos. Cuando leo me pierdo en las letras, me pongo a analizar y a sobre pensar, es algo que me pasa a menudo, por ello necesito tiempo y comunicar lo que leo para así hacer más ameno el proceso.
Compré los libros que llamaron mi atención, felizmente, tuve lo suficiente para llevar lo que quería. Es obvio, que me quede con ganas de llevar más libros, ja, ja, ja. Pero llevé los que estuvieron a mi alcance y a los que no pude resistirme. Mientras estaba en busca de un libro en particular ocurrió un breve suceso que me marcó ese día, lo compartiré a continuación...
Yo andaba muy entretenido leyendo los títulos de los libros, en eso... vi a una madre, por su forma de vestir pude percibir que era una mujer sencilla, ella estaba con dos niños pequeños, uno de los niños se supo a llorar porque quería un libro con dibujitos, creo que el libro trataba de barcos y piratas, su madre le decía que no le iba a comprar, que verían más libros en otros lados. En eso yo me acerqué y le dije: «Señora, yo puedo comprar el libro que su hijo desea, ¿me permite comprarle?» La señora, me dijo «mi hijo no ha visto lo suficiente.... mi hijo solo ha visto ese libro, no se preocupe», yo insistí «se lo compro", «mis niños siempre lloran por todo, no se preocupes señorita», deje de insistir y me puse a ver los demás stands. Yo miraba desde lo lejos que los niños comían un helado y ya habían dejado de llorar.
Dentro de mí pensé que quizá la madre no quería que compre el libro para su pequeño, porque se sentía avergonzada, yo pensé que no puedo ir en contra de su voluntad, pues quizá quería enseñar a sus hijos a entender algo. A veces, las personas no sentimos avergonzadas porque no tenemos el recurso necesario para adquirir algo y preferimos decir «no se preocupe, o no es necesario», pero sé que por dentro deseamos con ansias ello. Yo solo opté por limitarme a obedecer el deseo de la madre.
Al salir de la FIL me quede pensando mucho sobre el suceso, pues una vez escuché que cuando uno quiere dar algo a alguien no se pregunta «solo se da», no se pregunta «¿Quieres?» se invita y se compra sin preguntar, no sé si eso está bien o mal. El hecho es que entendí que yo debí haber comprado y haberlo dado, ya iba a estar comprado, solo queda aceptarlo. Un niño llorando por un libro es lo más genial que podemos ver en estos tiempos donde la tecnología ha desplazado la lectura, quizá ese libro pudiera haber sido el inicio de la lectura para el niño, un futuro amador de las letras y un gran escritor,¿quién sabe? No sabemos el futuro. No pude quitarme eso de la mente. Yo no debí pensarlo mucho y debí haber comprado el libro anhelado por el pequeño. Entonces me prometí a mi misma que si en el futuro encuentro una situación similar y si tengo el recurso para poder ayudar, no preguntaré, sino actuaré sin pensarlo dos veces.
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